Alvaro Izurieta "Gauguin, el salvaje de Hiva Oa"
Álvaro Izurieta, Gauguin el salvaje de Hiva Oa y el poder del desnudo.
El maestro argentino Álvaro Izurieta se muestra como un gran conocedor de la figura humana, especialmente femenina y el poder de atracción que ejerce para él el desnudo femenino. La mujer como eje central, pero también el ser humano en general. Se decanta por rostros de gran detalle, facciones emblemáticas, de gentes singulares, de seres de culturas muy diversas.
En la actualidad posee una obra más expresionista, en la que muestra el poder de la desestructuración de la realidad, aumentando el enigma de sus personajes, también la intensidad del color, la fuerza del contraste, pero, manteniéndose en línea con su tratamiento general de la figura humana, de los rostros y también de los cuerpos, auténticas esculturas.
Conocedor del cuerpo humano, pero también de la fisonomía animal, que demuestra en sus excelentes obras de equinos, en esta ocasión, exhibe una serie realizada ex profeso, titulada ‘Gauguin el Salvaje de Hiva Oa’, dedicada a Paul Gauguin, maestro simbolista. Un Paul Gauguin que abandona el impresionismo para convertirse en el abanderado de los simbolistas, demostrando su compromiso con el valor puro de la línea y el color sobre el plano. Paul se preocupa de la sutilidad pictórica, exhibiendo un concepto muy marcado, con temática directa pero sin los recursos clásicos de la pintura tradicional., desprovista de perspectiva, pero alegórica en el sentido del símbolo.
Álvaro Izurieta exhibe en su serie pictórica homenaje a Gauguin su predilección por el desnudo femenino, siempre mostrando al pintor francés con las indígenas, objeto de su atención artística. Pero, además, en sus acuarelas, pasteles y óleos de esta serie se constata la disponibilidad de la obra de un gran pintor, que domina la aguada, el color, la materia, la superposición de capas y las trasparencias. Su trazo sensual, su manejo de las curvas y gestos de los personajes, del propio personaje central de la temática, Gauguin, haciéndolo creíble, o la obra en la que muestra su propio autorretrato; el de un pintor que pinta de memoria, que se circunscribe al círculo de los inspirados, de los creadores que son originales, porque se mantienen fieles a su propia necesidad de ser antes artista que pintor.
Un creador, el argentino, que posee una sólida formación, que se nota en su manera de ejercer el dominio del trazo, de pintar con el color, porque de la intensidad pasa a la consideración sutil, de los rasgos perfectamente delimitados a los insinuados, según sea la figura y su posición. Capta el espíritu de Gauguin, cautivado por lo salvaje, que no es otra cosa que la propia naturaleza y sus gentes, buscando su ascendente, la vida en plena libertad, volver a nuestros inicios. De ahí que Álvaro Izurieta, que es un ser cautivado por la belleza natural, se adentre en el compromiso que tienen los seres humanos consigo mismos, buscando la fuerza de la determinación a la hora de abordar sus personajes femeninos, llenos de insinuaciones y de naturalidad esencial.
Si nos concentramos en su obra más reciente, de carácter expresionista, al margen de la serie que estamos comentando, constatamos su voluntad de ir más allá de las figuras y su circunstancia.
Hoy en día no se interesa solamente por la efectividad de los rasgos, por la ampulosidad de las facciones, en la sensualidad de sus personajes, auténticos, exóticos, sino que se preocupa por el misterio. En sus obras expresionistas introduce una actitud de misterio, de lejanía, en el sentido de descubrirnos una escenografía interior, que nutre las formas, en las que las curvas y las características básicas siguen existiendo, pero que, además, hay una presencia de detalles subyugados al interés general de la creación que no se ven, porque los ha transformado en invisibles.
Exhibe una composición de alto componente pictórico, en el sentido de lograr una definición de sus intenciones, que no son otras que reflejar momentos cotidianos de sus personajes, como también es el caso de la serie dedicada a Gauguin, el pintor y sus modelos; o bien determinando la trascendencia de las figuras, la personalidad de los hombres y mujeres que desfilan por sus telas, gentes que poseen un sentido notable de la realidad.
Su pintura, en líneas generales, refleja carácter, pesonalidad, fuerza y vitalidad. Está elaborada con un dominio técnico incontestable, en el que destaca la forma que tiene de tratar los personajes, a veces dibujados con determinación, aumentando el interés por sus rasgos, o en otras caracterizándose por mostrar su serenidad exterior e interior.
Álvaro Izurieta es un creador de personajes y de misterios contenidos en lo más esencial de la vida, porque profundiza en aquello que es y que influye en el día a día en el momento presente. Vive el presente, a partir de viajar por el pasado, insertándose en la corriente vitalista del instante, inmortalizando los momentos, para luego convertirlos en metáfora.
Nota: texto realizado para la Exposición de Alvaro Izurieta en Hipólito Restó & Arte.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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