Google en Wallstreet

Escrito el 27 agosto, 2004 – 12:00 | por storm | 1.165 lecturas

Los jóvenes creadores del buscador más eficaz de la web, Sergey Brin y Larry Page, no se cansan de ganar. Las acciones de la compañía que nació en el campus de Stanford siguen en alza.

Constituyen la fórmula perfecta. Jóvenes, exitosos y multimillonarios. Así pueden ser definidos los dos creadores de Google, el mayor buscador de Internet que se caracteriza por su eficacia implacable. La compañía que desde hace una semana cotiza en Wall Street -la Bolsa de Nueva York- fue creada hace seis años por dos estudiantes brillantes de la Universidad de Stanford, Sergey Brin y Larry Page. Ambos buscaban su (PhD) Doctorado en ciencias informáticas, y fue en 1998 cuando fundaron el proyecto Google.Inc, la empresa que ahora tiene 2.300 empleados y vale más de 27.000 millones de dólares.

No escapa a la realidad que dos universitarios de tan sólo 30 y 31 años lograron fundar un imperio. Brin, de origen ruso, se licenció con honores en ciencias matemáticas y en ciencias informáticas en la Universidad de Maryland en College Park. Page, estadounidense e hijo de un reconocido profesor de ciencias informáticas, se graduó con honores en la Universidad de Michigan, donde obtuvo una licenciatura en ingeniería informática. Fue en enero del 98, cuando Sergey y Larry no estaban muy convencidos acerca de las bajas ofertas que habían recibido. Entonces decidieron que nadie desarrollaría la tecnología que pensaban aplicar mejor que ellos mismos.

Aunque parezca increíble, en pleno boom de las punto.com no conseguían inversores, y decidieron convertir sus habitaciones del campus de Stanford en la sede inicial de Google. Larry tenía varias computadoras junto a su cama y Sergey montó la oficina financiera en el cuarto contiguo. A los pocos meses tuvieron que comprar varios discos duros –que les costaron 15.000 dólares- para continuar indexando páginas a toda velocidad. Cuando el éxito ya era un hecho y estaba en sus manos, ambos decidieron pedir licencia y abandonar sus estudios para obtener el doctorado. Hecho que los afectó muy poco, si se tienen en cuenta la cantidad de reconocimientos que después obtuvieron a todo nivel.

En septiembre de ese año se mudaron a un garage en Menlo Park, California. Con varias líneas de teléfono, un cable módem y una línea DSL y tomaron a su primer empleado, Craig Silverstein, quien ahora es el Director de Tecnología de Google. Por esos días, tenían 25 millones de páginas indexadas y recibían unas 10 mil consultas por día, según cuenta Googlemanía.com. Al poco tiempo la revista PC Magazine los incluyó dentro de su lista “Top 100 Web Sites”. Sergey y Larry lo habían logrado y su proyecto era mucho más que realidad. Sólo faltaba crecer y crecer y crecer. Un año después, y con un préstamo de 1 millón de dólares ya tenían 8 empleados y más de 500 mil consultas diarias. Pero fue en 1999, que recibieron el empujón financiero que necesitaban y mudaron sus oficinas a Palo Alto y no pararon hasta llegar a Wall Street.

Pero, ¿por qué Google es diferente y mucho más eficaz? El buscador más popular combina el software PageRank (TM) –creado por Page y Brin en Stanford- con un hardware avanzado que clasifica las páginas web en hipertexto por un sistema automático según su relevancia. El mismos sitio explica que la eficacia de Google se basa en el algoritmo de búsqueda superrápida, un secreto que Page y Brin guardan bajo llave. Google interpreta los vínculos y los ubica en el rankig de resultados en fracción de segundos por importancia y hits recibidos. El método evita la manipulación humana y no venden la ubicación de los resultados para obtener un mejor Page Rank o ranking de página. “Una búsqueda Google es una forma sencilla, honesta y objetiva de encontrar sitios web de alta calidad con información relevante para su búsqueda”, define el mismo buscador acerca de su integridad.

Pero el éxito también ubica a sus fundadores en un lugar complicado de alta exposición. Por ejemplo, en el ejemplar de septiembre de la revista Playboy publicarán la entrevista Google Interview 2.0, cuyos fragmentos inéditos por supuesta falta de espacio ya están en la página web de la revista para adultos. La nota –concedida en abril- les valió a Brin y Page una investigación de las autoridades federales de Estados Unidos, porque la empresa debía guardar discreción por su inminente salida la bolsa. Page cuenta que “Google no tiene una estructura jerárquica por capas”, sino un sistema horizontal para que sus empleados estén mejor comunicados y aumenten la productividad.

Google ahora también es examinada por los analistas de mercado y recibió otro reto. La calificadora Standard & Poor’s, y principal asesora a los accionistas bursátiles le puso una baja calificación. Según el diario Financial Times, encontraron 21 puntos débiles en la propuesta de la empresa californiana. La dirección corporativa del buscador obtuvo un 0,2 sobre 100 puntos posibles, basado en la carencia de directivos externos y “falta de directrices sobre la posesión de acciones para ejecutivos y directores independientes y un plan de compensación que permite a la firma revalorizar acciones si el precio del título cae”, señala Iblnews.es. Pero la mala nota poco pareció importarles.

Google cuenta con más de 6.000 millones de páginas indexadas en una multitud de países y en diferentes idiomas. Sus 2.300 empleados poseen gran parte de las acciones. Y la oferta pública para comprarlas se lanzó en el mes de junio pasado en medio de muchísimas especulaciones. La salida a la bolsa tuvo sus vaivenes y antes de concretarla el mercado exigió que bajaran su precio a 85 dólares por acción, el primer impacto logró subirlas a 108 dólares, para una semana después cotizar a 106 dólares. La empresa ya vale 28.000 millones, más que Amazon.com o el gigante de la industria automotriz, General Motors o Lockheed Martin, señalan los expertos tecnológicos. Mientras, los operadores bursátiles se sienten igual que durante la euforia de los 90. Como si la debacle de las punto.com ya fuera parte de la historia.

Fuente: Florencia Gilardón. Especial para Clarín.com.

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