Son las 3, un cuento corto.

Escrito el 25 junio, 2001 – 15:02 | por storm | 856 lecturas

Esta es una historia que podría pasarle a cualquiera… ¿o no?. Un cuento de Ramiro.

Son las 3

Ramiro

Son las 3:00 A.M., no tengo sueño. La PC es mi única compañía… un solitario, no hay que hacer ruido… De pronto, una sirena suena afuera… ¿alguien habrá muerto?, ¿un tiroteo? ¿un robo? ¿una violación?…
Trato de pensar en otra cosa, de concentrarme en el juego, pero no puedo, algo da vueltas en mi cabeza. La Q roja acá, el 10 de trébol allá, qué historia habrá detrás de aquel sonido…
Sacudo mi cabeza, trato de alejar ese pensamiento, pero no puedo, siempre vuelve. Para mí fue solo una sirena, pero para alguien fue mucho más. Quizás, o casi seguro, nunca escuchó la sirena… llegó demasiado tarde, como casi siempre. La curiosidad mata al gato, dicen, y quizás me mate a mí. Mejor vuelvo al solitario.
El 8 para allá, el 5 para acá, la sirena que vuelve. O que ya no está, o que nunca estuvo… Una noche fría, el paso apretado, un ruido, un susurro, un disparo, un grito… y la sirena, siempre la sirena, siempre tarde…
¡Basta!, ¡afuera ese pensamiento! ¡afuera esa sirena!. Pero entonces me atrapa el abatimiento, el aburrimiento, el tedio. Decido salir, averiguar que paso, caminar las calles, buscar indicios, saciar mi curiosidad, sacar la sirena de mi cabeza.
Camino, hace frío, llueve, fea noche para morir, peor que las otras… una cuadra, dos, tres, nadie, la noche está vacía, desierta, como si la vida misma fuera la víctima de aquel sonido…
Camino sin rumbo, es extraña la noche, pasa gente sin sombra y sombras sin gente, vacío en las calles, vacío en los habitantes de la ciudad oscura, esos que salen cuando la gente normal duerme… El sueño me asalta detrás de un árbol y el agotamiento me hace pensar en volver, vencido en mi búsqueda. Busco el rumbo, camino con desgano, con resignación cuando vislumbro la luz mortecina, azulada de una sirena silenciosa, que me llega desde la vuelta de la equina. Mi corazón da un vuelco, de pronto se van el hastío y el abatimiento, apuro el paso, siento el frío en mi rostro, que me despierta, me impulsa. Escucho gritar, parece mi voz pero distante, irreal. Me acerco a la luz, la lluvia cae, siento el cuerpo entumecido, de pronto el frío me cala los huesos, no siento mis piernas. Paro, las sensaciones se detienen, tomo valor y vuelvo a avanzar pero aparecen nuevamente, con más vigor, más intensidad, me impiden caminar, me siento desmayar, caigo, perdiendo el sentido, mientras a lo lejos escucho una sirena… siempre la sirena, siempre tarde…

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